La inteligencia artificial no viene por los abogados
Durante los últimos años, buena parte de la conversación sobre inteligencia artificial y Derecho se ha construido alrededor de una pregunta: ¿la inteligencia artificial va a reemplazar a los abogados?
La pregunta parte de una premisa equivocada. Un abogado no realiza una sola tarea. Investiga, redacta, revisa documentos, interpreta información, diseña estrategias, negocia, asesora, entiende el negocio de su cliente y asume responsabilidad frente al mismo.
La inteligencia artificial puede transformar muchas de esas actividades sin eliminar la profesión.
Transformación de tareas, no desaparición de empleos
La Organización Internacional del Trabajo estimó en 2025 que una de cada cuatro personas empleadas en el mundo trabaja en una ocupación con algún nivel de exposición a inteligencia artificial generativa. Sin embargo, su conclusión fue que, en la mayoría de los casos, el efecto más probable será la transformación de las tareas y no la desaparición completa de los empleos.[1]
En el sector jurídico ya existen señales similares.
Una investigación realizada por Jonathan H. Choi, Amy Monahan y Daniel Schwarcz analizó el desempeño de estudiantes de Derecho utilizando GPT-4 en distintas tareas jurídicas. Los resultados mostraron que el principal beneficio no necesariamente estaba en producir análisis jurídicos superiores, sino en realizar determinadas tareas de forma considerablemente más rápida.[2]
Ese punto es importante.
El valor del abogado no desaparece: se desplaza
Durante décadas, buena parte del trabajo jurídico se ha organizado alrededor del tiempo necesario para encontrar información, revisar documentos, preparar borradores y analizar expedientes. Si una parte de esas tareas puede realizarse más rápido, el valor del abogado no desaparece. Se desplaza.
Si encontrar información toma menos tiempo, interpretar correctamente esa información importa más.
Si producir un primer borrador es más sencillo, decidir qué debe decir ese documento importa más.
Si resumir cientos de páginas puede hacerse en minutos, identificar qué dato cambia realmente una estrategia importa más.
La inteligencia artificial no necesariamente reduce el valor del criterio jurídico. Puede hacer exactamente lo contrario.
La amenaza real: la distancia entre quienes la usan y quienes no
Thomson Reuters ha encontrado que una mayoría significativa de profesionales jurídicos espera que la inteligencia artificial transforme profundamente la industria. Sus estudios también muestran una diferencia cada vez mayor entre organizaciones que cuentan con una estrategia clara para utilizar estas herramientas y aquellas cuya adopción sigue siendo aislada o improvisada.[3]
Esto apunta a una amenaza distinta.
El riesgo probablemente no sea que la inteligencia artificial reemplace a los abogados. Puede ser que aumente la distancia entre quienes aprendan a trabajar con ella y quienes continúen realizando exactamente las mismas tareas de la misma manera.
La responsabilidad profesional no se automatiza
La tecnología tampoco elimina la responsabilidad profesional.
Un sistema puede generar una respuesta, analizar información o proponer un argumento. Pero alguien sigue teniendo que determinar si esa respuesta es correcta, si el argumento tiene sentido para el caso concreto y si el riesgo que se está asumiendo es aceptable.
Generar una respuesta y responder por ella siguen siendo cosas distintas.
Por eso, la discusión sobre el futuro de la profesión jurídica debería ir más allá de preguntar cuántos abogados serán reemplazados.
La pregunta relevante es otra:
¿Qué parte del trabajo que hoy llamamos trabajo de abogado seguirá teniendo sentido hacer exactamente de la misma manera?
Una transformación más entre varias
La profesión jurídica ya ha atravesado otras transformaciones tecnológicas. Las bases de datos modificaron la investigación. Los buscadores cambiaron el acceso a la información. Los expedientes electrónicos alteraron la forma de consultar y administrar asuntos.
La inteligencia artificial probablemente tendrá un impacto mayor, pero el principio sigue siendo parecido.
Cuando una tecnología absorbe parte del trabajo mecánico, el valor humano no necesariamente desaparece.
Se concentra en aquello que resulta más difícil de automatizar: criterio, estrategia, contexto, comunicación y responsabilidad.
La inteligencia artificial no viene por los abogados.
Viene por una parte de la forma en la que hemos estado trabajando.
Y esa diferencia importa.
Juan Sebastián Moncayo Ortega escribe para el blog de IUDEX, la IA legal especializada en derecho mexicano. Contacto: moncayo@iudex.mx.
Fuentes
- Gmyrek, Paweł et al., Generative AI and Jobs: A Refined Global Index of Occupational Exposure, Ginebra, International Labour Organization, Working Paper 140, 2025. Disponible en: www.ilo.org ↩
- Choi, Jonathan H., Monahan, Amy B. y Schwarcz, Daniel, "Lawyering in the Age of Artificial Intelligence", Minnesota Law Review, vol. 109, núm. 1, 2024, p. 147. Disponible en: scholarship.law.umn.edu ↩
- Thomson Reuters, "The AI Adoption Reality Check: Firms with AI Strategies are Twice as Likely to See AI-driven Revenue Growth; Those Without Risk Falling Behind", 26 de junio de 2025. Disponible en: www.thomsonreuters.com ↩
